En tiempos acelerados, “liderar lento” se vuelve clave

En medio de la aceleración tecnológica y el avance de la inteligencia artificial, muchas conversaciones empresariales hoy giran en torno a eficiencia, automatización y adaptación. Pero detrás de esa transformación aparece una pregunta más profunda: ¿qué lugar ocupa la persona en las organizaciones que estamos construyendo?

Hace algunos días, Víctor Valle planteaba en su conferencia una idea tan desafiante como necesaria: la inteligencia artificial solo tiene sentido si es capaz de elevar a las personas y no de apagar aquello que nos hace humanos.

A partir de esa reflexión, conversamos con el psicólogo Alejandro De Barbieri sobre liderazgo, vínculos, cultura organizacional y el rol de las empresas en un contexto donde la velocidad muchas veces amenaza el sentido.

¿Cómo liderar sin perder humanidad en tiempos de cambio permanente? ¿Qué distingue a una organización sana? ¿Qué debemos potenciar, más que nunca, en los equipos de trabajo para no perder el sentido? 

Liderar lento no es ir más despacio, es ir más profundo. 

En una lógica empresarial hiper acelerada, lo disruptivo, según propone De Barbieri, no es ir más despacio, sino ir más profundo. Liderar lento redefine la eficiencia: no se trata de trabajar menos ni de sacrificar la agilidad, sino de hacerlo con mayor conciencia y presencia para sostener los vínculos humanos. La verdadera humanidad radica en “responder y no reaccionar”. Más conciencia. Más presencia y más capacidad de sostener vínculos.

En lugar de ceder a la prisa y a la urgencia a la que estamos acostumbrados, un dirigente con valores debe estar dispuesto a generar “espacios de calma” para conversar y escucharse con su equipo. De Barbieri enfatiza que lejos de ser una pérdida de productividad, este tiempo invertido en presencia es la garantía para cuidar la salud mental de las personas en las organizaciones. 

IA con propósito: que el pensamiento crítico siga siendo el protagonista

En la conversación con Alejandro De Barbieri se destacan algunas coincidencias contundentes, con la visión planteada por Víctor Valle sobre la necesidad de construir una “humanidad aumentada” y usar la tecnología para potenciar las capacidades humanas. 

Para De Barbieri, el principal riesgo de la inteligencia artificial no está solamente en el impacto laboral, sino en la posibilidad de delegar el pensamiento, caer en el ego-pensamiento y la pérdida de reflexión, delegando la creatividad y el pensamiento propio en la máquina.

Mientras la tecnología procesa datos, solo el líder humanista posee la capacidad de sostener emocionalmente al otro, transformando la técnica en una herramienta pero “nunca en el protagonista de la gestión”, señala el psicólogo, y destaca que en tiempos de aceleración, esas habilidades ya no son “blandas”; son estratégicas.

“La ética, los valores y el sentido son cosas que no tiene la IA: no puede hacer silencio, no puede hacer una pausa, no puede frustrarse contigo”, destaca De Barbieri. 

“Un líder que no escucha pronto tendrá colaboradores que no tendrán nada que decir”

En tiempos como este, de profunda transformación empresarial, la toma de decisiones no puede ser un acto de aislamiento. Los procesos de cambio actuales exigen transitar del liderazgo del “ego” al liderazgo del “ser”, asegura De Barbieri. Mientras que el directivo enfocado en el ego busca la validación y “silencia”, de forma inconsciente, las posturas críticas; el líder maduro gestiona desde el servicio y el autoconocimiento. 

En un momento donde la agilidad depende del talento colectivo, asumir con naturalidad que no se sabe todo es una fortaleza, no una debilidad. 

En ese sentido, destaca el rol del líder con valores. Sostener a los equipos en la incertidumbre, impulsarlos en el uso de nuevas tecnologías facilitando la capacitación e incentivando a ser críticos con las herramientas y con las personas.

Liderar desde la conciencia. Tener en cuenta que hay avidez por el encuentro y el vínculo personal. “Los colaboradores precisan un adulto en el que apoyarse, como un adolescente necesita un padre o una madre”, sostiene De Barbieri.

¿Qué podemos hacer, entonces, como líderes para humanizar las empresas en tiempos de automatización? Volver a lo más humano. Recorrer la empresa, cuidar a las personas, involucrarnos. Aprender a escuchar, generar espacios de calma y de intercambio presenciales.

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