Laicidad: una libertad que hace posible el encuentro

La visita de León XIV, una invitación para todo el Uruguay
Por Elisa Facio
Presidenta de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE)
La próxima visita del papa León XIV a nuestro país constituye un acontecimiento de profunda significación. Lo es para la Iglesia Católica, naturalmente, pero también para el conjunto de la sociedad uruguaya. Más allá de las creencias de cada persona, la presencia del Papa ofrece una valiosa oportunidad para reflexionar sobre uno de los pilares de nuestra convivencia democrática: la laicidad.
La laicidad es uno de los grandes aportes institucionales del Uruguay. Gracias a ella hemos construido un Estado que garantiza la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la igualdad de todos los ciudadanos. Ninguna persona puede ser privilegiada por sus creencias, ni tampoco discriminada por ellas. Esa es una conquista que debemos preservar y fortalecer.
Sin embargo, la laicidad no consiste en silenciar las convicciones religiosas ni excluirlas de los espacios públicos, y también esta posición nos ha llevado a debates y enfrentamientos.. Su verdadero sentido radica en garantizar que todas las voces puedan expresarse con libertad, dentro del respeto mutuo y de las reglas de la convivencia democrática. Una sociedad plural no se construye ocultando las diferencias, sino aprendiendo a dialogar con ellas.
En este sentido, resulta iluminadora la expresión de Benedicto XVI cuando afirmaba que “la sana laicidad” permite distinguir adecuadamente las responsabilidades del Estado y de las comunidades religiosas, favoreciendo al mismo tiempo la colaboración de todos en la construcción del bien común. En Caritas in Veritate recuerda que la religión, vivida auténticamente, no empobrece la vida pública, sino que puede ofrecer una contribución decisiva al desarrollo humano integral, iluminando la dimensión ética de las decisiones personales, económicas y sociales.
La visita de León XIV puede convertirse precisamente en un signo de ese diálogo. El Papa no llega únicamente como cabeza de la Iglesia Católica. Es uno de los líderes morales más escuchados del mundo y su palabra alcanza a millones de personas de distintas culturas y religiones. Sus primeras intervenciones han insistido en colocar nuevamente a la persona en el centro del desarrollo, promover una economía al servicio del ser humano, fortalecer la paz y construir una cultura del encuentro frente a la creciente polarización.
Desde ACDE creemos que el mundo empresarial constituye uno de los espacios privilegiados para vivir esa cultura del encuentro. La empresa reúne diariamente personas con distintas convicciones, historias, sensibilidades y proyectos de vida. Dirigir supone crear ámbitos donde esa diversidad se transforme en confianza, creatividad y cooperación.
La Doctrina Social de la Iglesia ha insistido durante más de ciento treinta años en que la empresa es, antes que una organización económica, una comunidad de personas. Cuando el trabajo se comprende desde esa perspectiva, aparecen con claridad principios que hoy resultan universales: la dignidad del trabajador, la responsabilidad social, la solidaridad, la subsidiariedad, el destino universal de los bienes y la búsqueda permanente del bien común.
Estos principios no pertenecen exclusivamente a quienes profesan una determinada fe. Constituyen aportes al patrimonio ético de la humanidad y dialogan naturalmente con los valores republicanos que caracterizan a nuestro país.
Como dirigentes empresariales estamos llamados a ser constructores de confianza. Nuestras decisiones impactan sobre trabajadores, familias, comunidades y generaciones futuras. Por eso, ejercer el liderazgo implica también promover culturas organizacionales donde el respeto, la honestidad, el diálogo y el servicio orienten la acción cotidiana.
Desde ACDE seguiremos impulsando esa visión del liderazgo inspirada en el humanismo cristiano, convencidos de que el desarrollo económico y el desarrollo humano son inseparables. Las empresas generan verdadero valor cuando ponen a la persona en el centro y contribuyen al fortalecimiento de una sociedad más libre, más justa y más fraterna.
La visita de León XIV llega a un Uruguay orgullosamente laico. Precisamente por ello, puede ser una ocasión privilegiada para renovar aquello que constituye el mejor espíritu de nuestra República: la libertad de conciencia, el respeto por todas las personas y la convicción de que el diálogo sigue siendo el camino más fecundo para construir el bien común.