La cárcel como oportunidad económica

Werba: una década mostrando que producir desde Punta de Rieles es viable, rentable y transformador.

En un contexto donde el prejuicio suele ser la primera barrera, la experiencia de la empresa Werba en la cárcel de Punta de Rieles rompe esquemas: hace una década decidió instalar parte de su operación allí, combinando una necesidad productiva con una apuesta social de alto impacto.

Conversamos con Emiliano Avondet, Gerente Ambiental y de Producción de Werba.

De la duda a la decisión: cómo una empresa entra a una cárcel

La iniciativa surgió a partir de un vínculo inesperado: dos policías que, con conocimiento del rubro y de la realidad carcelaria, acercaron la propuesta. Aun así, la decisión no fue inmediata. Hubo análisis, recorridas, conversaciones y, sobre todo, la necesidad de garantizar condiciones básicas: confianza en quienes gestionarían el día a día dentro de la unidad así como acuerdos institucionales sólidos que dieran estabilidad a la inversión que realizaría la empresa para establecerse.

El respaldo de las autoridades de Punta de Rieles en ese momento, junto con la posibilidad de contar con personas de confianza operando dentro del establecimiento, fueron claves. “No estás todos los días ahí. Necesitás alguien que lleve tu cultura de trabajo”, explica Emiliano.

Un modelo que resiste el paso del tiempo (y los cambios de gobierno)

Diez años después, el proyecto no solo sigue en pie, sino que se consolida como un caso replicable. A pesar de los cambios de gobierno, de autoridades penitenciarias y de contextos, la operación se mantuvo activa y funcionando correctamente.

Este dato no es menor: demuestra que, con las condiciones adecuadas, es posible desarrollar proyectos productivos sostenibles dentro del sistema carcelario.

¿Impacto social o beneficio económico? La respuesta incómoda (y honesta)

Lejos de discursos idealizados, desde Werba lo plantean con claridad: ambas cosas conviven. Por un lado, la operación en Punta de Rieles permitió viabilizar procesos que, fuera de ese contexto, no serían económicamente sostenibles. Por otro, el contacto directo con las personas privadas de libertad transforma la mirada empresarial.

“Sería hipócrita decir que es solo por lo social, pero también lo sería decir que es solo económico”, afirman. Con el tiempo, el proyecto genera algo más: orgullo, motivación y gratificación.

Trabajar con personas privadas de libertad: romper mitos desde adentro

La empresa, acostumbrada a trabajar con contextos diversos, no encontró grandes diferencias con quienes trabajan fuera de la cárcel. El foco está en construir cultura de trabajo, acompañar procesos y sostener expectativas claras.

Los desafíos existen, de eso no hay dudas. Por ejemplo, generar hábitos laborales en personas que muchas veces nunca tuvieron un empleo formal, pero destacan que nunca les resultó difícil completar vacantes o encontrar personas que tengan ganas de trabajar dentro de la cárcel.

En Werba las condiciones son las mismas que en las otras plantas. Cada trabajador tiene sus tareas, capacitaciones técnicas y de seguridad, cumple un horario y, en este caso, es su familia la que recibe el pago, una forma de que ellos puedan aportar económicamente desde la cárcel.

Una invitación abierta a otros empresarios

La experiencia de Werba es una puerta de entrada. Demuestra que es posible producir, generar valor y, al mismo tiempo, contribuir a la reinserción social.

En un país donde el desafío de la integración es urgente, iniciativas como esta invitan a los empresarios a hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Y si la oportunidad está donde hoy solo vemos un problema?

La visita a Punta de Rieles no es solo un recorrido. Es una experiencia que puede cambiar miradas… y decisiones. Desde Werba insisten que el primer paso es romper la barrera de entrar a conocer la cárcel.

El 21 de abril tenés la oportunidad de dar un paso más.

Visitá la cárcel de Punta de Rieles vieja, junto al Ministro del Interior, el Director de DINALI, referentes del Programa Liberados de ACDE, personas privadas de libertad, referentes empresariales (como Werba y Teyma) y más de 90 dirigentes de empresas que están dispuestos a dar el paso.

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